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lunes, 2 de diciembre de 2024

Hace 60 años el general les escribía esta carta a los integrantes de la Comisión Provisoria para el Retorno de Perón.

 


Carta a la Comisión Provisoria para el Retorno de Perón 2 de diciembre de 1964


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Río de Janeiro, 2 de diciembre de 1964.


A los compañeros de la Comisión Provisoria para el Retomo de Perón Buenos Aires


Mis queridos compañeros:


En cumplimiento de mi promesa viajaba hacia nuestro país e, insólitamente, al llegar el avión a Río de Janeiro, hicieron irrupción en él y fui detenido juntamente con nuestros compañeros y otros pasajeros que viajaban. Conducidos detenidos a la Base Aérea de Galeón en espera aún no sabemos a ciencia cierta cuál será nuestro destino, porque en este país reina, por lo que se ve, un estado de cosas irregular y sin garantías.


Aún ignoramos las causas de nuestra detención, aunque está bien claro que se trata de presiones extrañas ejercidas sobre este gobierno dictatorial en las que no sería ajeno el gobierno argentino, que una vez más pone en evidencia lo falaz de sus declaraciones de pacificación y legalidad.


Creo que ha llegado la hora de tomar las ideas más enérgicas para desenmascarar a los simuladores de una democracia que escarnecen y de una honestidad que han violado en todas sus formas.


Yo regresaré a pesar de ellos y los cipayos que están sirviendo los más oscuros intereses imperialistas, que es de donde provienen las órdenes para hacer del cacareado "mundo libre" una triste parodia que avergüenza a los hombres y a los pueblos realmente libres.


Servirse de lós brasileros para impedir que un argentino pueda entrar en su Patria ha de ser de una indignidad que nunca ha ocurrido en nuestro país.


Si el pueblo argentino no ha perdido sus verederos valores no lo podrá soportar.


Un gran abrazo


Firmado: Juan Perón


martes, 10 de diciembre de 2019

Hace 57 años Perón le escribía a los presos políticos del Penal de La Plata




Carta a compañeros presos en La Plata (10 de diciembre de 1962)

Escrito por Juan Domingo Perón.

A los compañeros recluidos en la Cárcel de La Plata

Buenos Aires

Mis queridos compañeros:

Un nuevo año termina sin que la ignominia gubernamental haya caído y en consecuencia debemos pedirles a todos Ustedes la paciencia indispensable para esperar la liberación por la que luchamos. Pese a nuestra preocupación por la suerte y el bienestar de los compañeros encarcelados, no sabemos si satisfacemos plenamente todas las necesidades, pero deben estar Ustedes persuadidos de nuestra mejor intención y deseos.

El compañero Doctor Matera, que me ha visitado, ha traído también su preocupación y me ha informado del estado de ánimo excelente de todos los compañeros presos, que sobreponiéndose a su propia situación, mantienen el espíritu peronista. Es indudable que la situación política evoluciona hacia una definición y es necesario tener buenos nervios y saber esperar.

Con motivo de este fin de año he deseado hacerles llegar, con mi recuerdo, mis más afectuosos saludos, que bien quisiera poder refrendar personalmente con un gran abrazo dentro de poco tiempo. Entre tanto, les ruego que mantengan firmes nuestra convicción de peronistas, porque la causa por la cual luchamos lo merece, como merece todo nuestro sacrificio. Estos siete años de vergüenza nacional no han hecho sino reafirmar nuestra razón de ser y vigorizar la fuerza de nuestras decisiones, lo que infiere la necesidad de seguir adelante con energía.

Unidos y solidarios, los peronistas no tenemos nada que temer del porvenir, que será irremisiblemente nuestro a pesar de lo que hagan nuestros enemigos. Ese día, Ustedes, que han pagado el mayor tributo de sacrificio, tendrán también la mayor gloria. Desgraciadamente la lucha necesita de los mártires y de los héroes.

Finalmente, quiero hacerles llegar a todos Ustedes mi gran abrazo en el que sintetizo todo el agradecimiento del Peronismo por los que han sabido sacrificarse por él y cuyo recuerdo estará siempre en el corazón de cada uno de los compañeros que ven en Ustedes un ejemplo para imitar.

Juan Perón

jueves, 3 de octubre de 2019

Hace 74 años Perón le hablaba a los obreros ferroviarios en Remedios de Escalada





"Nos hemos enrolado en una causa sana. Marchamos al ritmo de la evolución que el mundo señala. Por eso, en el futuro seremos Invencibles. Nuestra causa está ganada. Necesitamos que los trabajadores se mantengan unidos y fieles a su propia Causa para consagrar definitivamente en los hechos esta Victoria que en germen ya tenemos conquistada. No importa quien nos combata, ni las armas que emplee. Ellos podrán prolongar la lucha, pero no han de lograr impedir esa Victoria que palpamos y que hemos de cristalizar cualesquiera sean los inconvenientes que debamos vencer, porque tenemos la Verdad por escudo, y quien marcha con la verdad no necesita espuela.

    Dije hace dos años, frente a la primera concentración obrera, que habiamos realizado una Revolución que tenía un contenido filosófico que habría de realizarse. Hoy, ante esta asamblea de hombres de trabajo, honrados y libres, podemos decir que esa afirmación se ha cumplido, y que la Revolución del 4 de junio está en el Pueblo, y cuando una revolución ha llegado a ser del pueblo, no hay fuerza capaz de detenerla. Por eso afirmo, absolutamente persuadido, que nuestra revolución ha triunfado y que nuestra Causa, siendo la causa de la Verdad, de la Justicia y de la Sinceridad para el pueblo, ha de imponerse, pese a quien pese y cueste lo que cueste.
     Es menester que los Argentinos se convenzan de que esta revolución ha triunfado; que no aparezcan los vergonzantes de la revolución; los que se escudan detrás de la vergüenza de su propia cobardía para disfrutar mañana de beneficios a los que no tienen derecho por haberlos logrado a costa de la explotación de la buena voluntad de los trabajadores.

    Es necesario, asimismo, que los trabajadores comprendan que estas conquistas que han obtenido y las aspiraciones que alientan, sólo se realizarán si ellos se mantienen unidos, pues su unidad representa una fuerza incontrastable en el país. En cambio, trabajadores dispersos, disociados y desunidos, son la carne de explotación y de la miseria.
     Ruego a Dios que esta comprensión de la masa laboriosa del país sea una columna vertebral del Pueblo Argentino, que los ciudadanos dejen atrás una mezquina idea de un aprovechamiento personal. Nosotros pudimos elegir entre el camino fácil y abierto que nos presentaba la oligarquía y la senda enmarañada de luchar por una mayor Justicia Social. Elegimos lo difícil porque detrás de ello estaba la verdad y la razón, y despreciamos la otra ruta porque sabíamos que encubría la mentira y el engaño.
     Sabemos que estamos combatiendo contra fuerzas poderosas, nunca más poderosas que hoy, porque nunca fueron más ricas. Pero combatimos con armas leales y de frente contra toda especulación, contra todos los que venden y compran al país, buscando que el futuro de la Patria se asegure con la honradez política, con la honradez económica y con la equidad en la distribución social de la riqueza.
     Finalmente, agradezco a los trabajadores esta amable demostración y no deseo abandonar esta tribuna sin hacerles llegar este consejo: ustedes y nosotros, unidos,  SOMOS INVENCIBLES. Manténganse firmes y perseverantes, y hemos de Triunfar irremisiblemente.

Discurso del 3 de Octubre de 1945 ante miles de Obreros Ferroviarios en Remedios de Escalada.

lunes, 29 de julio de 2019

Hace 74 años Perón hablaba en el acto homenaje de los compañeros ferroviarios a la Secretaría de Trabajo y Previsión




DISCURSO EN EL HOMENAJE A LA SECRETARIA DE TRABAJO REALIZADO POR LOS FERROVIARIOS DEL PUERTO
 Juan Domingo Perón
 [29 de Julio de 1945]

Es para mí una vez más una enorme satisfacción poder llegar hasta las fraternales para recibir de ellos un gesto más de su infinita amabilidad para conmigo. Agradezco en nombre del señor teniente coronel Mercante y en el mío propio este homenaje que servirá de recuerdo de estos gratos momentos pasados entre ustedes y de certificación de todo lo que hemos hecho para ayudarnos a cumplir con nuestro deber.
Como decía recién el señor Jesús Fernández, ha habido que luchar mucho en oportunidades para conseguir pequeñas cosas que a nosotros se nos presentaban como absolutamente justas. 14 mil pesos en el presupuesto para poder beneficiar a humildes trabajadores eran una insignificancia al lado de 500 millones de pesos que teníamos de déficit en la junta de granos para beneficiar a la Bolsa de Comercio. Esa y no otra ha sido la orientación que el gobierno ha tenido la obligación elemental que le incumbe para hacer una verdadera justicia social distributiva en la Argentina. No es tarea fácil; es tarea difícil, porque un cúmulo de intereses forma una trama tal que sería necesario llevar una máquina delante para poder abrir el camino que hay que recorrer. Hubiera sido para nosotros mucho más simple haber seguido el camino trillado de los años anteriores en que no se luchaba por ninguna conquista para los trabajadores ya que todo el país dependía del apoyo, de la propaganda y de la ayuda de los poderosos.
Sabemos bien que esta política nos ha puesto frente a poderosos enemigos. Las fuerzas vivas, los diarios pagados por esas fuerzas vivas y por otras fuerzas menos confesables todavía, los funcionarios que vivieron siempre de los honorarios abultados que reditúan las compañías extranjeras y capitalistas que defienden con ello sus intereses, todos ellos se han colocado frente a la Secretaría de Trabajo y por extensión, frente al gobierno y piden hoy lo que ellos no fueron nunca capaces de ofrecer a los argentinos: normalidad y libertad.
Nosotros también somos amantes de la libertad. Por ser amantes de esa libertad y de la verdad democrática que sostenemos salimos el 4 de Junio a la calle expuestos a perderlo todo, incluso la vida. Yo pregunto si alguno de esos señores que hoy son campeones de la pureza de nuestras elecciones, que son campeones de nuestra libertad, que son campeones y defensores de nuestras instituciones han hecho algo en su vida semejante a eso: exponerlo todo para salvar la verdad de nuestras instituciones y no la ficción que ellos ejercitaron para favorecer sus intereses personales.
La Revolución del 4 de Junio podrá tener muchos errores. Quién no los comete. Sin embargo en lo que no nos hemos equivocado es en nuestra honradez. Hemos procedido siempre honradamente favoreciendo a quien en justicia lo correspondía y oponiéndonos tenazmente a favorecer cosas que no fueran justas ya que la justicia inmanente es sin duda el más fundamental de todos los deberes del funcionario del Estado.
El futuro, señores, ha de ser tan difícil como lo fue el pasado y lo es el presente. Si los obreros y en general todos los trabajadores argentinos apoyan esta lucha vencerán ellos y venceremos nosotros. Pero si esa ayuda, si ese apoyo, si esa fe y confianza es esta nuestra honradez desfalleciera, lo probable es que no triunfemos nosotros ni los trabajadores. Hay muchos sistemas que sin violencia pueden ir anulando sucesivamente una a una todas las conquistas obtenidas. Es cuestión de habilidad y hay ciertos hombres, encarnación de maléficos genios de la injusticia que cuentan con todos los recursos necesarios para buscar sutilezas y anular una a una, toda la justicia que se ha hecho durante nuestra administración.
El gobierno de la Revolución del 4 de Junio aspira a retirarse después de haber cumplido, por lo menos, con lo básico de nuestro programa de reformas, que implica: una reforma en la organización de la riqueza de nuestro país; una reforma en la retribución, organización, y demás, del trabajo, del descanso y de la previsión social para las masas de trabajadores urbanos; pero también señores, una reforma para los trabajadores rurales. Aspiramos a que la tierra sea del que la trabaja, a que no sea un bien de renta sino un bien de trabajo y en consecuencia, señores, a que la tierra no pertenezca jamás a quien quiera especular con ella, sino al que procure arrancarle riquezas para hacer más próspera, más grande y más hermosa nuestra patria.
En esto, los obreros urbanos tienen también su responsabilidad; ellos deben apoyar a los compañeros que trabajan en el campo, ya que estos, distribuidos como están en nuestra enorme heredad, no pueden llegar aquí para buscar un apoyo directo a sus conquistas. El compañerismo, la camaradería de los que trabajan, imponen que los obreros urbanos apoyen, como han apoyado su causa, la de los trabajadores del campo.
Nada resolveríamos si prosiguiéramos logrando conquistas solamente para los trabajadores urbanos; y esto por una simple razón: Hace veinte años la República tenía el 70 por ciento de sus hombres en el campo y el 30 en las ciudades; hoy el setenta por ciento está en las ciudades y el treinta en el campo. Entonces su seguimos en este tren, no pasarán muchos años sin que la acumulación y el desequilibrio demográfico, nos lleven a un empobrecimiento paulatino en perjuicio precisamente de los propios trabajadores de las ciudades.
Es menester apoyar esta reforma de todas maneras para poder llevarla adelante con la misma decisión con que hemos conseguido impulsarla en las ciudades. Si así sucede, si nosotros podemos realizar con profunda decisión la reforma rural, organizaremos mejor la riqueza y la República Argentina habrá resuelto su problema fundamental por uno o dos siglos.
El mundo, señores, vive momentos de reestructuración, de profunda evolución, que solamente los miopes o los simples pueden ignorar en estos momentos. La clase trabajadora ha pasado a tener una enorme responsabilidad en el Estado que posiblemente en otros tiempos se ha tenido. Esa responsabilidad de la clase trabajadora debe llevarnos a una profunda meditación sobre la acción a desarrollar en el futuro. Si la clase trabajadora siguiese pensando que no le incumbe a ella reflexionar sobre los problemas del país, el futuro de nuestra patria volvería a los que fue antes del 4 de junio. La clase trabajadora debe pensar que cada uno de sus hombres, el más humilde, representa un piñón de ese enorme engranaje que está constituido por todo el factor humano de nuestro país, así como también que, cuando en una corona falla uno solo de sus engranajes, la máquina no puede marchar con la misma suavidad y potencia que cuando la corona está íntegramente sana. Cada trabajador debe tener conciencia de este hecho y reflexionar profundamente en que de su acción y de su propio pensamiento dependerán no sólo el futuro, sino el del país. Cuando todos los trabajadores piensen de esta manera, nuestra Nación comenzará por primera vez a ser grande. Hasta ahora la despreocupación de los argentinos es lo que ha permitido el desarrollo de todos los males de que nosotros mismos nos quejamos. No olvidemos pues que todos tenemos un poco de responsabilidad por el hecho de que esas cosas hayan sucedido y si deseamos liberarnos de esa responsabilidad del pasado, debemos pensar en accionar honrada y lealmente en el futuro para evitar que el panorama de disociación y de tristeza que todos anhelamos proscribir en el país, no vuelva a presentarse en el futuro.
Cuando se proyectó el Estatuto de los Partidos Políticos se excluyó del mismo, en un principio, a los analfabetos. Nosotros hemos dispuesto inmediatamente que se modificase esa disposición, porque el último analfabeto del país no puede dejar de pensar que el también es un ente que acciona dentro del elemento humano del país, que le corresponde ejercitar los derechos de todo argentino y que debe también cargar con las responsabilidades del ciudadano. Siendo así y ajustándonos a este pensamiento, es que hacemos un llamado a todos los trabajadores argentinos para que piensen y sientan en el futuro de modo tal que su responsabilidad efectiva se traduzca en los hechos cívicos que han de dar motivo al cambio de nuestro gobierno por el Gobierno que encaje dentro de la normalidad y de la Constitución, como todos los anhelamos, pero siempre que esa normalidad no vuelva a estar constituida por el fraude, el negociado, la coima y la injusticia social que durante tantos años ha venido sufriendo nuestro país.
Eso, señores, no está en la mano de nadie; nadie puede decir por su cuenta, que eso debe terminar para que con ello termine. Pero si todos los argentinos nos proponemos borrar esos vicios del pasado, pueden estar ustedes absolutamente persuadidos de que, desde el momento en que nos propongamos que eso desaparezca, desaparecerá.
Para terminar señores, agradezco una vez más las amabilidades de que nos han hecho objeto en este acto, concordantes con otras a las que ya nos tienen acostumbrados, recalcando que estas demostraciones, obedecen siempre más a esa amabilidad que a nuestros propios méritos, ya que nosotros no hacemos otra cosa que cumplir con un elemental deber de todo funcionario. Les ruego me acompañen en un brindis por la unión de la clase trabajadora y por la felicidad de la patria.
JUAN DOMINGO PERÓN

lunes, 8 de julio de 2019

Hace 75 años Perón le hablaba a todos los compañeros Ferroviarios




DISCURSO ANTE LA CONCETRACION GREMIAL ORGANIZADA POR LOS FERROVIARIOS, CELEBRANDO SU DESIGNACION COMO VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA 
Juan Domingo Perón 
[8 de Julio de 1944]


Compatriotas: La presencia de los trabajadores del país en esta histórica plaza, en representación de cuarenta sindicatos argentinos que comprenden la hora y que viven las inquietudes del Gobierno de la Patria, constituye para mí el más insigne honor y el estímulo más significativo que yo pudiera recibir.
Sólo ostento tres títulos que me enorgullecen; el de ser soldado, el de ser considerado primer trabajador argentino y el de ser un patriota. El de soldado me lo he ganado con treinta y cinco años de servicios honradamente prestados a la Nación; el de trabajador argentino me lo habéis otorgado vosotros con un gesto que colma mi felicidad de hombre y de ciudadano, y el de patriota lo debo a la Providencia que ha hecho que tenga la dicha de haber nacido en este país, que tanto amo y amaré por sobre todas las cosas.
Al asumir la alta función para la que he sudo designado por el Excelentísimo Señor Presidente de la Nación, estos tres títulos serán el mandato que encaminará mi acción durante el desempeño de mi alta investidura; el de soldado para cumplir la finalidades fijadas por el Ejército de la Patria, que no sabe de egoísmos ni de claudicaciones mezquinas; el de primer trabajador argentino, para continuar en la defensa de la clase trabajadora en que nos hallamos empeñados por mandato de una justicia superior a todas las demás, que es la de lograr la felicidad de la patria buscando el bienestar de las masas que laboran su grandeza; el de patriota para trabajar hasta el último aliento por el engrandecimiento material y moral de nuestra patria; y, si fuera necesario, cunado ninguna energía quede, ofrendar la vida en su defensa donde fuera menester.
Sé que seremos combativos, pero sé también de nuestra voluntad y de nuestra voluntad y de nuestra férrea energía y afirmo que no hemos de desmayar en la defensa de estos ideales que constituyen la necesidad básica y fundamental de Estado en estos momentos.
Al hablar en otra oportunidad a los trabajadores de la patria, les solicité que tuvieran confianza en nuestra honradez y decisión. Hoy me encuentro absolutamente persuadido de que esa confianza existe y que ella debe constituir el fundamento de lo que les pediré en este momento a los trabajadores compatriotas. Es necesario que esa confianza se transforme hoy en fe, sobre lo que todavía debemos realizar, y que realizaremos cualesquiera sean lo obstáculos que se opongan, porque no medimos el esfuerzo ni mediremos el sacrificio, pues tratándose de ofrendar todo lo que tenemos en aras de la patria, no puede existir limitación mezquina de ninguna naturaleza. Esta confianza que habéis dispensado y esta fe que estoy seguro dispensaréis, tienden a un objetivo superior a la unidad de todos los argentinos, para lo cual es necesario hacer desaparecer luchas odiosas y diferencias absurdas, para que en este país con nuevos ideales, con los lábaros de la pureza y virtud a su frente, se pueda decir algún día que se ha cumplido el ideal tan antiguo como el mundo, de que no haya hombres excesivamente ricos ni hombres excesivamente pobres.
Cuando esas diferencias hayan desaparecido, lograremos la unidad, por el convencimiento de que cada argentino, por humilde que sea, por insignificante que pueda ser el puesto que ocupa en la Nación, es un elemento indispensable en el país, que debe trabajar con todo empeño a fin de que todos vayamos adelante, sin desfallecimientos.
Es necesario que la Revolución llegue a las almas, porque en este país, donde la naturaleza con toda prodigalidad ha derrochado a manos llenas la riqueza material, deberíamos dar todos los días gracias a dios por sus dones maravillosos; pero esa riqueza no es todo. Es necesario tender también hacia la riqueza espiritual, hacia eso que constituyen los únicos valores eternos y que son los que unirán, si es necesario, a los catorce millones de argentinos, en defensa de la patria, a costa de cualquier sacrificio.
Es menester seguir esta acción porque la patria se encuentra en la buena senda de su salvación. Hoy la voz de orden debe ser “adelante sobre este camino”, y ello es lo que yo pido a todos los compatriotas, amigos o enemigos, por la suprema dignidad del Estado; por la obligación que tenemos de seguir adelante, honrando las virtudes de nuestros mayores y aspirando a la felicidad de nuestros descendientes.
JUAN DOMINGO PERÓN